 |
| Ilustración: Berk Ozturk |
*Cantar es hablar con el viento y el viento es el fluir del universo. Respira y canta; siempre entre el cielo y la tierra está el viento. L.M.
*Pide cualquier cosa menos lo que deseas y será concedido.
…Quién no quiere volar es porque nunca ha volado –responde él, tozudo, convencido de sí mismo…
Ella con su mano empuja la inercia de él fuera de la acera. Como un apuntador tratando sacar de escena al actor en blanco. Mientras ocurre ésto murmura palabras para ella entre labios:
-Dejarse caer resulta útil ¿verdad? Hay dos opciones: o los dientes haciendo añicos contra el suelo como un suicida cayendo a plomo desde el filo del precipicio; sino las alas así, bien extendidas harán de guía y zafarán lo inevitable de la caída. Dubitó un instante y añadió: dejarse caer no es sólo dejarse caer, dejarse caer es el comienzo de cualquier pajarito ¿no te parece?,
dejarse caer es el primer paso para aprender, dejarse caer suena demasiado bien, dejarse caer resulta útil, ¿te das cuenta? dejarse caer es el primer paso de aquél que quiere volar.
Tras un largo paseo el empuje tratará de mantener una copa de vino que hace equilibrio en las sierpes de su cintura. Él no puede dejarla caer, es una instantánea más, retenida en sus pupilas. El aroma a uva embriaga sus largos cabellos, la barbilla, la comisura de sus labios, emborracha hasta el árido antojo de la posterior despedida.
 |
Jack Vettriano
|
Ad hoc:
[Mañana habré de levantar los andamios de la realidad con mis manos. El zumo de hoy será como le guste a la de ayer.
Como le guste a «otra ella» que ahora descansa tranquila en mi cama.
Sobre la almohada, ella se descalza.
Sin azúcar, con pulpa, frío o del tiempo, con miel o sin ella. Quizá no le guste el zumo de naranja, quizá no desayune nunca, quizá no quiera desayunar, quizá le baste la cena de ayer -fueron cigarros, sexo y alcohol-,
quizá no desayune en mi casa,
quizá yo no duerma hoy en mi casa.
A mí me bastará con no pasar otra noche solo.
Estaré buscando unos ojos en cualquier antro obscuro.
Quizá..
Bastará con el hábito de vestirme pensando en quién me desvestirá está noche.
Bastará con apoyar mis pensamientos en alguna barra de bar por donde resbalar.
Bastará con que mi almohada no guarde el olor particular a cualquiera.
Bastará con que ella duerma sobre olores que no conoce.
Bastará con que no pregunte qué hice ayer cuándo todavía no la conocía.
Seré juez sin toga.
El panóptico será el negro
de mis pupilas.
Y el centro,
el centro será
el de su boca.]